“Yo soy muy pesada, lo reconozco”, dice Patricia. Y Anup canta el Aleluya. “Si yo lo sé”, se defiende la gaditana, “y por eso me gusta estar cerca de Laura y Lydia porque ellas nunca se cansan de escucharme”. Se puede decir más alto pero no más claro. Y esto viene a cuenta de que, en la casa color lomo de armiño, están pensando en hacer algún cambio de papeles en la prueba, pero Patricia no quiere ser hombre lobo.
Jhota quejándose, que ya es un clásico. El tema, lo que comen los humanos, y lo que comen los licántropos. “Yo prefiero pasar hambre durante el día pero irme a la cama con el estómago lleno”, dice el retrorapero. Y Joaquín dice que está desgastando mucho y que necesita comer, y por eso merece una ración más grande que quien no haga tanto trabajo físico. “Si yo estoy contando chinitos, no necesito comer tanto”, le suelta el dandy de Huelva al vallecano, con toda la mala idea.
-¡Siempre estás igual! -grita Jhota.
-No voy a discutir con nadie -dice Joaquín, y se levanta- ¡todos los días una discusión por la maldita comida!
-Porque tú quieres, Joaquín, porque tú quieres.
-Mira, yo todo lo que hay que hablar de la comida ya lo he hablado. Y lo que digo es que quizá deberíamos haber hecho otro reparto pensando en el desgaste físico de cada uno. Yo no voy a discutir nunca más por la comida.
Terry Terremoto, con su sombrero cascabelero, se siente aludida porque ella no está haciendo nada de la prueba, y le dice a Joaquín, todo un hombre de cuarenta años, que está actuando como un niñato de quince. Él pasa de entrar al trapo y se va.
Pero al final entra al trapo, y la discusión se alarga dando vueltas a lo mismo. “¿Y por qué se ha iniciado esto ahora?”, dice Chari. Joaquín, irónico, contesta: “pues porque Joaquín es muy malo y se lo quiere comer todo”. Es muy gracioso verles discutir pero repitiendo, cada treinta segundos, “yo no quiero discutir”. Y esta es la cara que se le queda al de Huelva tras la discusión:
¿Están discutiendo Anup y Patricia? No lo sé. No sé si es broma o no, pero el indio le está pidiendo a la rubia que le deje sólo cinco minutos. “Mira”, dice ella”, “yo creo que me han metido en un Gran Hermano paralelo”. Claro que no sabemos qué entiende Patricia por “paralelo”.
Las Teorías de Patricia:
-Si a mí me dice Pepa que en este Gran Hermano nos han cogido a cada uno de un psiquiátrico, yo me lo creo -dice Patricia.
-No tía -contesta Laura- que a mí no me han traído de ningún manicomio.
16.34h: Las caperucitas rojas de la casa blanca se toman unas reconfortantes infusiones. “Ya estamos con el té de las cinco en casita”, dice Lydia. Proponen hablar de amor. Edu les dice que el indio está en el confesionario y Patricia está segura de que está contando lo de su pequeño encontronazo.
Le da unas 1.321 vueltas exactas al tema con el indio. Que se ha iniciado por una tontería con las magdalenas, y se ha complicado cuando la soprano le ha dicho al asiático que la dejara en paz cinco minutos para que se pudiera comer una lechuga tranquila. Tal cual lo cuento. Y sobre esta tontería, Patricia sigue hablando y hablando a Lydia y Laura que, según palabras de la propia gaditana, nunca se cansan de escucharla. Aunque por la cara que ahora mismo veo en Laura, pongo muy en duda la veracidad de tales declaraciones.
“No creo que lleve media hora en el confe hablando de una lechuga”, dice por fin Patricia, llena de cordura y templanza.
A Jhota se lo llevan los demonios. Es la primera patada al suelo que veo en esta edición de Gran Hermano. “¡PUES AHORA NO VOY A HACER LA PRUEBA!”, grita el retrorapero, “y me da igual todo, los que duermen, los que hagan magdalenas, ¡ME DA IGUAL TODO!”. Chari intenta tranquilizar al artista urbano pero no parece lograrlo, porque se va directo al jardín a agrandar el embolado metiendo a Flor, Mireia y Joaquín. En este momento nos cortan la imagen a algo mucho más interesante…
…Lydia limándose las uñas.
¡Y volvemos al pitote! Jhota y Joaquín discuten a voz en grito sobre lo mismo. Que tú comiste no sé qué, que aquellos comieron no sé cuánto. El dandy de Huelva quiere conseguir raciones más grandes para los que hacen más esfuerzo físico. Jhota se cierra en banda: “pues tú a lo tuyo y yo a lo mío. No pienso hablar contigo de nada”. Chari intenta calmar al rapero diciéndole que no tiene razón. Y Jhota niega haber dicho palabras que acabamos de escucharle decir. Mireia y Flor se suman al embrollo y le dicen a Jhota que no tiene razón. Ante lo que el retrorapero no tiene más salidas que decir: “aaaaajjjj”.
Chari sigue intentando apaciguar los ánimos, pero Jhota insiste en que no quiere saber nada de Joaquín. “Los dos son buenas personas, no digáis cosas de las que luego os vais arrepentir”, dice ella. Pero el retrorapero no puede más y llora de la rabia. “Estoy hasta los cojones”, grita. Y llora. “No puedo con las injusticias”, añade. Flor, Joaquín y Chari le dicen que está exagerando.
Esto se va a salir de madre. Jhota le hace un gesto despectivo a Mireia, aunque no sé si ha sido un chasqueo de dedos, o directamente le ha hecho un corte de mangas. Mireia se ofende, y le pide respeto utilizando una frase en la que menciona a su madre: “tus cosas a partir de ahora que te las recoja tu mamá”. Y Jhota, que está que arde, explota: “¡A MÍ MADRE NI LA NOMBRES!”, grita. Mireia se disculpa por lo de la madre pero le sigue diciendo que está actuando como un crío y que no tiene ninguna razón: “y yo que pensaba que eras inteligente…”. El retrorapero se va calentando más y más sin que esto tenga ya marcha atrás. Y decide levantarse e irse. Veremos si vuelve o no. De momento, nos pinchan la otra casa.
En esta otra casa, Patricia habla del susto que le pegaron ayer en el DBT. Además está sufriendo porque como los hombres lobo están durmiendo, no puede cantar. Volvemos al lío. Ahora sólo están Chari y Joaquín en el jardín comentando la jugada. Ellos dos parecen estar de acuerdo. Repiten lo mismo varias veces mientras la prueba continúa. Flor es ahora la que está haciendo el recorrido.
Todo parece haber vuelto a la normalidad y Chari, Joaquín y Flor siguen con la prueba. Vuelven sobre lo hablado y Flor dice: “nosotros elegimos con quién vivir”. Y se ríe. También dice que le parece muy fuerte que los que más se quejan son los que menos hacen.Chari está preocupada de haberse lesionado la rodilla. Joaquín cuenta batallitas deportivas de un día que le dio un pájara, otro día que se lesionó, y cosas así.
Aúllan los lobos. Comienzan las horas mágicas.Los licántropos se despiertan. “Buenos días”, dice Julio a sus compañeros. Los humanos abrazan a los no humanos. Sobre todo Flor a Julio. La argentina ya les avanza a los nocturnos que se han perdido una buena movida.
: Flor les cuenta a Yago y a El Feroz que Jhota se ha pasado. “Yo he escuchado hasta puñetazos contra la pared”, dice Julio. Joaquín aparece casualmente por ahí y pone al día sobre lo ocurrido a los licántropos. Yago le cuenta a Joaquín que anoche también hubo una buena con Catha después de la fiesta. Que la venezolana lloró y todo.
El modelo internacional y el boxeador profesional están de acuerdo con el razonamiento de Joaquín: el que más trabaja debería comer más. Yago cuenta qué fue lo que pasó anoche con Catha. Por lo visto ella dejó caer que él y Julio estaban contando mal las piedras. “Nos llamó tramposos”, dice el gallego. Y acabaron discutiendo y ella llorando. “Pero luego se arregló todo”, cuenta.
En la cocina comienza el desayuno/merienda/cena, no sé muy bien cómo llamarlo.
En la habitación rosa, Jhota habla con Chari, Flor y Terry de lo ocurrido con Mireia. “Es poco lo que he liado”, dice. Las chicas le quieren hacer ver que Mireia nombró a su madre sin ninguna segunda intención. “Bueno, pero con lo cabreado que estaba yo, no debería haberla mencionado. Que estoy sufriendo ansiedad de tabaco, ansiedad de comida…”, se queja el retrorapero. “Nadie tiene el derecho de decirme ‘Jhota cállate’”, añade.
Sobre la mesa de la cocina, Julio, Catha y Yago recuerdan el encontronazo de anoche. Lo hacen mucho más relajados.Mireia cuenta a Marta lo ocurrido con Jhota. El gesto que hizo el retrorapero fue el de chasquear los dedos. Y la pelirroja confirma que ella mencionó a su madre sin darse cuenta, sin ninguna maldad, y que luego ha estado una hora intentando tranquilizar a Jhota. “Porque tampoco me gusta ver a la gente sufrir”, dice. También cuenta que el rapero le dijo que la casa le venía grande. Y Flor aprovecha para decir: “pues entonces… que se vaya”.
Marta dice que es que a Jhota le pierden las formas: “es un chico muy majo y a mí me cae bien, pero no puede estar todo el día discutiendo ni propiciando discusiones. Terry, que anda también por allí cascabeleando con su sombrerete, se queja de que le duele mucho la tripa.
Joaquín le cuenta a Marta El Incidente. Y también le dice todo lo que ha hecho: ha puesto dos lavadoras, ha tendido… Vamos, que sin él la casa se vendría abajo.Tarde de dimes, diretes y correveidiles. Ahora es Flor la que le cuenta algo a Yago, que está metido en el jacuzzi y con las gafas de sol. Si estuviera dormido, la argentina ni se enteraría. ¿Estará durmiendo?
Volvemos a la casa blanca. Oh, y veo a Dámaso por primera vez en todo el día. Esto de los licántropos tiene su punto, la verdad. El grupo charla sobre algunos cambios de papeles que quieren hacer y parece que la cosa también está caldeada. Anup quiere ser caperucita, y Julia no quiere hablar con él, “porque si no pierdo las formas”, dice. Anup aclara que él no quiere ser caperucita. Pues nada. Alguien propone echarlo a suertes pero Rubén dice que “hablando podemos solucionarlo”. Y Dámaso canta.
Patricia regresa del confesionario, le han dicho que los papeles no se pueden cambiar, y que cada cambio es un fallo. Julia dice que ella va a cambiar de papeles sí o sí. El Súper interviene y dice que pueden cambiar.Movida: Julia vs. Patricia. No sé exactamente cuál es el cambio que quiere la gitana, pero Julia está que trina y le dice a la soprano: “no voy a ser tan pringada como tú. Que todo el mundo piensa que eres una pringada”. Patricia dice que no le merece la pena discutir y se sienta en el sofá. “A mí no me merece la pena ni escucharte”, responde la gitana. “Eres una bocas, eres una pringada, eres una conflictiva”, espeta la tendera. Patricia flipa porque no entiende nada.
¡Vaya tarde! Patricia estalla y llora como una descosida. “¡PERO POR QUÉ ME TIENE QUE TRATAR ASÍ, ¿yo qué le he hecho?”. Laura y Lydia se van con Patricia al pasillo de las expulsiones. La gaditana, puro candor y melodía, está sufriendo un ataque. “Yo no puedo con esta tensión, es que no puedo”, dice entre lágrimas. Está temblando y la falla la voz. Me dan ganas de ir a la casa a darle un abrazo.
Nos han cortado al Jacuzzi de Yago. ¡Quiero ver a Patricia! ¡Estoy preocupado por ella!
La argentina, la bufona y la monitora de fitness hablan en el dormitorio rosa. Como es regla hoy, hablan de algún enfrentamiento. Flor está indignada con alguien. Pero no identifico exactamente con quién. Es un compañero masculino. ¿Será su lobito feroz? ¿Será el retrorapero?
Chari, no sé cómo, se ha enterado de que en la casa blanca alguien ha tenido un ataque de ansiedad. Pero piensa que ha sido Laura. Chari dice que tiene un bajón emocional tremendo. Por no tener comida, por no poder hacer deporte… Y cuenta también que está preocupada por Rubén. Mireia, en calidad de mujer experimentada, le dice que es muy importante para las relaciones echarse de menos. Rosario aprovecha para hacer un resumen de toda su relación con Rubén. Y termina con un mal augurio: “yo veo el futuro muy negro”.
Chari dice esto: “cuando yo no iba a entrar en la casa, supuestamente iba a ir a defender a Rubén. Pero mi idea era, una vez entrara, desentenderme de él y desaparecer de su vida”.
Charlas de jacuzzi. Flor y Feroz hablan de su relación. Y de que los dos tienen claro que no hay sentimientos de por medio. “Porque somos gente que habla claro”, dice el púgil.
Volvemos por fin a la casa blanca. Y vemos a Patricia. Está viva. Está bien. Ahora ya respiro tranquilo. La gaditana le está pidiendo a Marcelo que le cambie su puesto porque ella no quiere hacer la prueba con Julia. El malaguita le dice que sí, que mañana se lo cambia.
los habitantes de la casa pálida. Charlando de todo y de nada. Después de la agitación de la tarde de hoy, un poco de calma no viene nada mal.
En la otra casa están repartiendo la cena. Hablan todos a la vez sobre yogures, melones y pan. No me entero de nada pero intuyo la tensión. Marta dice: “es que voy a hacer huelga de hambre”. Mireia le recrimina algo a Yago y el gallego le contesta: “mira no me toques los huevos, yo como cuando me salga de la polla”. Y se queda tan ancho. MIVIC mira al infinito porque no entiende qué es lo que está pasando hoy.
Jhota vuelve al ataque. Se sabe al dedillo lo que ha comido cada uno en cada momento, pero yo ya me he perdido. Les oigo hablar de “el huevo de Catha”, “la leche de Marta” y “la galleta de Julio”, y asisto estupefacto a una nueva discusión por la comida. “Es que es muy aburrido esto, además son siempre los mismos”, oigo murmurar a Marta. Empieza a sonar fuerte la opción de empezar a pesar la comida, como en Gran Hermano 11. Mireia sale del salón. Con lo bien que estaba yo interpretando ‘Hey boy, hey girl’ por las discotecas de España, imagino que está pensando.
Chari dice que se quiere ir de la casa. “Estoy pasando hambre, estoy mal con la gente… ¿para qué?”. Y Julio dice que si a él le echan, se va contento.: “yo ya lo he hecho todo aquí”.
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